A lo largo de los casi dos años que llevamos escribiendo MARCAS, siempre tratamos de traer al recuerdo alguna figura histórica del baloncesto uruguayo o repasar la carrera de algún jugador que aún vigente causase cierto impacto ya sea por su llegada o su actuación en nuestro medio.
La de hoy es una nota diferente y deriva de una increíble situación vivida por este pseudo periodista. Sin embargo, como la premisa del buen escritor es aprovecharse de su desgracia, es que pasamos a contar la anécdota y de paso repasamos la carrera de uno de los más promisorios valores de nuestro básquetbol
La anécdota
Tras varios meses de esperar la oportunidad para dar el salto al papel (Zona Naranja) quién escribe recibe el encargo de ir a realizarle una nota a Martín Osimani, para hablar de su paso por México, Venezuela y su futuro en la selección. La importancia del evento hizo que el suscrito tomase decisiones profundas como recortarse la melena y la barba que lucía (al estilo Valientes) para emprolijar su look.
Tras llamar varias veces al celular del "Oso" y dejar una serie de mails, decido llamarlo a la casa, donde su madre muy gentilmente me comunica con él. En cuestión de segundos pactamos la nota para la 16:00 horas en el domicilio del jugador.
Al llegar me recibe su hermano Joaquín, quien me invita a pasar al departamento (con varias fotos de Martín sobre la mesa) y se sienta conmigo en el living mientras un hermoso perro (de cuya raza este inculto periodista no se acuerda) me estudia atentamente. De paso le digo a Joaquín que la nota será nota central de Zona Naranja.
Esperando a Martín, es que me pongo a hablar con Joaquín de su actualidad, su carrera y su futuro. Algo lógico para dos tipos que tenemos en el básquetbol nuestro denominador común.
El diálogo si bien no era fluido como en una entrevista, era ameno, si se tiene en cuenta que yo estaba esperando a Martín y él con muy buena onda me estaba haciendo la "gamba" mientras esperaba.
El asunto fue que pasó una hora, y entonces le digo "Pero al final te voy a terminar haciendo la nota a vos"... A lo que él me contesta "Pero ¿no era a mí la nota?... Y ahí caímos... la madre se había equivocado cuando le pasó el teléfono... Martín no vivía ahí y no estaba.
Joaquín Osimani
Joaquín Osimani Silveira es un jugador con características más que interesantes que lo destacan del resto de los ayuda base. De por sí, su 1.93 de altura y sus brazos largos le permiten tomar distancia de otros escoltas que se mueven en el medio.
Difícil de marcar desde el perímetro, alterna lanzamientos de tres puntos y quiebres de cintura con penetraciones. Se siente cómodo asumiendo protagonismo y este Metropolitano parece querer confirmar eso.
Producto de la cantera de Biguá y del ya mítico entrenador Gava (cuantos valores ha sacado en los últimos 20 años) Osimani comenzó a integrar los planteles del Pato en los años 2003 y 2004.
Tras un paso por Altoona Área High School (Pennsylvania) durante la temporada 2005, retornó al país al año siguiente para enrolarse al Biguá que llegó a la final de la Liga cayendo derrotado con Malvín. Fue allí donde comenzó a ver un poco de acción.
El Metro 2007 le brindaba a Joaquín la posibilidad de mostrarse, sumar minutos y experiencia. Jugar en el Metro no es para cualquiera. El juego es mucho más físico y los encuentros más trabados que en Liga.
Sin embargo, el menor de los Osimani se adaptó de gran forma, promediando 10 puntos por juego a los servicios de 25 de Agosto.
Tras su aventura metropolitana Osimani retornó a Biguá, donde conquistó su primer título de Liga pero sin el protagonismo que él hubiese querido.
Al terminar la temporada, 25 de Agosto volvió a ser su destino, pero las cosas no rodaron de la misma forma y el jugador pasó inexplicablemente más minutos en el banco que en la cancha.
Con este panorama, el 2008 no parecía ser nada halagüeño para el escolta. Retornó a Biguá en donde la llegada del Ché García le sirvió como revulsivo. De a poco el entrenador argentino le fue dando cada vez más minutos y Joaquín iba respondiendo en la pista.
La lesión del "Pica" Aguiar marcó uno de los momentos claves de su carrera. Se jugaba el Sudamericano de Clubes de Guayaquil y el Pato, cuya participación estuvo en duda (hubo que vender rifas para que pudieran viajar todos los integrantes del plantel) se quedaba sin su escolta titular.
Sorprendiendo a todos, el "Che" dispuso el ingreso de Joaquín por encima del "Sapo" Rovira por ejemplo. Su misión en el primer partido era clara, defender duro sobre la estrella de equipo rival, el argentino Facundo Sucatzki. El menor de los Osimani cumplió su rol, se prendió a la marca como nunca y demostró que podía mezclarse sin problemas a nivel internacional.
Pero sin dudas su gran actuación en ese torneo, vino en el encuentro decisivo frente a Joinville Esporte Clube donde le agregó a la marca una importante cuota goleadora colaborando con 10 puntos (2/2 en triples y 2/2 en dobles en 21 minutos).
Biguá venció por un doble y por primera vez en la historia del baloncesto uruguayo dos hermanos se coronaban Campeones Sudamericanos de Clubes (algo que lamentablemente no supimos valorar como corresponde).
A su llegada a Montevideo, Joaquín siguió realizando buenos encuentros en un equipo que con el refuerzo de Rubén Wolkowiski se proclamó bicampeón de Liga barriendo a Defensor Sporting. Antes, ante Atenas, Osimani se destacó sobre todo en el tercer juego donde con 21 puntos fue clave para que el punto se fuera Villa Biarritz.
Como todo jugador joven que es, su deseo es no quedar parado, por lo que no dudo un instante cuando Federico Camiña le reclutó para integrarse a Montevideo para el Metro 2009. La elección fue excelente, el rojo ganó el campeonato con un Lewis determinante, y con un Joaquín que promediando 14 puntos por juego volvió a demostrar que cuando se le dan responsabilidades no le pesa asumirlas.
Su buen momento y una serie de lesiones le hicieron estar muy cerca de la Selección Uruguaya, siendo convocado por Jauri para entrenar con el plante y llegando a disputar un amisto en que su especial peinado destacó sobremanera.
La última liga lo volvió a encontrar en Biguá. Si bien el club no cambiaba el escenario ya no era el mismo. La directiva apostó por un equipo juvenil que con el refuerzo de Taboada hizo buena campaña y a punto estuvo de eliminar en playoff al a la postre campeón Defensor Sporting. Osimani tuvo una liga irregular alternando buenas y malas pero elevando su nivel en playoff.
Consciente de que su liga no había sido buena, el jugador entendió que el Metro era nuevamente una buena oportunidad de mostrarse. Por eso, no le importaron distancias ni comodidades, y aceptó la oferta de Verdirrojo.
En el Cerro, el menor de los Osimani, con el apoyo de una parcialidad bullanguera y con una media de casi 20 puntos por encuentro, vuelve a ser protagonista.
En la casa de los Osimani se respira básquetbol. Un tablero en el living es testigo de épicos encuentros entre los hermanos. Con toda una carrera por delante y con la misma cintura que muestra en cada quiebre en la cancha, Osimani chico dio por terminada la entrevista que no fue. Con pocos años de carrera ya cuenta en sus palmares con un par de Ligas, un ascenso y un título Sudamericano. Con la Selección como gran anhelo y la conciencia de que debe seguir puliendo su juego, el hombre que también gusta del periodismo tiene todo para seguir dejando la MARCA.