Sea cual sea el deporte, los uruguayos somos mucho de comparar jugadores y trayectorias. No faltan las discusiones de boliche en las que todos los opinólogos, buscamos hacer prevalecer nuestra verdad en cuanto a los mejores en cada disciplina deportiva. Es por eso que en el fútbol la gente habla de Nasazzi, Schiaffino, Walter Gómez, Cubilla, Morena, Rubén Paz o Francescoli dependiendo de la época en que el aficionado haya ido al estadio. En el básquetbol pese a que se reconoce la calidad de jugadores como Adesio Lombardo, Omar Arrestia, Wilfredo Ruiz o Marcelo Capalbo, la cosa parece estar acotada a dos nombres: Oscar Moglia y Horacio "Tato" López.
En el caso de "Tato" su recuerdo está mucho más presente tanto como jugador como por sus diversas incursiones en el periodismo y en la Federación. El propio Tato, hostigado continuamente con las comparaciones siempre dice que eran épocas diferentes y muestra sus respetos a la figura de Moglia.
Pero del Oscar no se sabe tanto. Confieso que las palabras de los veteranos hacer aparecer al Oscar como una verdadera leyenda. Algo similar a lo que nosotros le podríamos contar a nuestros nietos de un tal Michael Jordán.
Al decir de los entendidos el Oscar era un jugador completo. Excelente anotador, buen pasador y correcto marcador. Además adornaba su juego con un gran temperamento forjado a lo largo de varias batallas. Su figura se ha agrandado a lo largo del tiempo. Dicen que era "chueco" que siempre tenía algún kilo de más pero que sencillamente era inmarcable para sus defensas. De frente, atacando generalmente por el lado izquierdo o posteándose bajo el tablero, el Oscar era capaz de anotar o simplemente dejar sólo a un compañero.
En Welcome se le considera el ídolo máximo del club. Un jugador que supo salir Campeón Federal cinco veces en los años 1953, 1956, 1957, 1967 y 1968. La leyenda popular dice que el Oscar tenía el enorme mérito de no tener estrellas a su lado, el sólo se encargaba de destacar a compañeros que en otros equipos pasarían desapercibidos. De inmediato y volviendo a las comparaciones me viene a la mente la clásica discusión de Maradona - Pelé, en donde al brasileño se le achaca el tener a un Garrincha cerca mientras que Maradona debía ingeniárselas con los pases de Cucciufo y Olarticoechea.
A nivel internacional, la camiseta celeste le quedaba como pintada. Debutó en el Sudamericano de Montevideo de 1953 consagrándose como campeón. Título que repetiría en 1955 en Cúcuta. Fue máximo anotador del Mundial de 1954 y los Juegos Olímpicos de 1956. Juegos en los que terminó de cautivar al mundo, siendo goleador del torneo, integrando el cinco ideal y obteniendo la medalla de bronce al vencer a Francia 71-62.
A principios de los 70 retornó a Welcome para evitar el descenso de la institución. Un Moglia, ya con la rodilla deshecha, llenaba las canchas a su paso. La gente simplemente quería verle jugar para poder contar que un día vieron jugar al Gran Oscar Moglia, un jugador que ha dejado la marca más grande de todas.