Esta semana ha sonado el nombre del pívot argentino Román González para incorporarse a Paysandú. Si bien su representante, se ha encargado de desechar de plano el pase del actual pívot de Peñarol de Mar del Plata, el hecho nos da pie para repasar la forma en que Román abandonó la Liga Uruguaya.
Corría el año 2003 cuando un por ese entonces no tan famoso Román González arribaba a Aguada como refuerzo estelar para la primera edición de la Liga Uruguaya. Aguada, que ese año había ascendido, era uno de los invitados al torneo debido al título en el Federal de Segunda de Ascenso y claro está, a su gran poder de convocatoria.
De inmediato, la presencia de Román no pasó desapercibida. Sus 2.10 metros y su forma brusca de jugar hicieron que el pívot fuese punto de atracción e ídolo de la parcialidad aguatera. El argentino compartía plantel con el “Sapo” Rovira, el “Pata” Pereira, el “Pepe” Mackiewicz, Mauricio González, Federico Martínez, Federico Garcín, el ya veterano “Indio” De Pena y el joven Rodrigo Carvidón.
Como muchos recordarán, la primer Liga Uruguaya, tenía un formato especial donde los equipos se dividían dos series: interior y capital de forma tal de asegurar la presencia de un representante de cada una de las zonas en la final.
Aguada terminó la serie regular en segundo lugar, con un registro de 16-6 y debió enfrentarse a Trouville, tercer clasificado de los equipos de la capital y cuyo record era negativo 10-12.
Aguada era claro favorito en la serie. El “Pata” Pereyra destacaba en el goleo y la presencia de Román González era totalmente desequilibrante, máxime si tenemos en cuenta que Trouville no contaba con un extranjero con kilos debajo de la tabla. Los rojos, que acababan de finalizar la era “Polo Quinteros”, habían optado por contratar al “Tato” Rodríguez como ficha extranjera. El argentino si bien venía cumpliendo una buena liga obviamente no podía disimular la ausencia del gran Paolo.
El 26/05/2003 en el Palacio Peñarol, Trouville dio la primer gran sorpresa al vencer 87-85 y colocar la serie 1-0. Rodríguez fue el goleador de los rojos con 28 puntos mientras que en Aguada, Román terminó con 15 puntos aunque lejos de ser el jugador dominante que debía ser. En esa ocasión se alternaron en su marca, Marcelo Pérez (de gran labor) y Enrique Elhordoy, dando una mano también Pablo Morales y Pablo Ibón. Los dirigidos por Alejandro Glik y Federico Camiña se adjudicaban el primer punto de la serie. Sin embargo, en el ambiente estaba la sensación de que Aguada daría vuelta la misma.
Cinco días más tarde, el equipo aguatero dirigido por Héctor Da Prá, llegaba al Palacio
con la misión de revertir lo sucedido en el primer juego. Sin embargo los rojos de Pocitos daban el gran batacazo de la Liga y volvían a vencer 98-95. Nuevamente “Tato” Rodríguez (20) lideró a los rojos, siendo bien secundado por Joaquín Izuibejeres (23) y Marcelo Pérez (23). El aporte de Román esa noche fue superior al del primer partido pero tampoco alcanzó. Sus 17 puntos no fueron suficientes siendo maniatado por los internos rivales que en base a sacrificio lograron emparejar las diferencias físicas.
Ese fue el último juego de Román en Uruguay, luego le veríamos en la Selección Argentina en donde recién este año ha logrado consolidarse en el principal equipo.
Amado y odiado, por su forma de ser y también por haber sido de las figuras mediáticas de la primera edición de la Liga, Román González dejó su marca.