En tiempos de Juegos Olímpicos no cuesta mucho recordar la última participación celeste en este tipo de torneos. Fue en Los Ángeles 1984 cuando se obtuvo el sexto puesto. En esa ocasión, el básquetbol no sólo tuvo el honor de obtener tamaña figuración sino que además se vio distinguido con que su capitán Carlos Peinado fuera nada más y nada menos que el abanderado olímpico.
Orden, inteligencia y gol
Sin ser un jugador de gran estatura, Carlos Peinado marcó un estilo en la conducción. La palabra prolijo es la que quizás mejor le define. Un conductor muy ordenado, con gran manejo del balón y capaz de leer el juego como nadie. Gozaba de un correcto tiro a distancia y la capacidad de romper defensas y convertir en bandeja o asistir al compañero mejor ubicado. Pero más allá de ello el saber cuando asumir protagonismo y cuando distribuir el balón era quizás su principal virtud.
Desde pequeño en Sporting
Nació un par de días antes de la Navidad de 1954 en el barrio del Parque Rodó y como muchos otros incursionó por el fútbol defendiendo a Talleres de Don Bosco (años más tarde sería campeón de fútbol de salón con Sporting). Sin embargo, en poco tiempo se encontró picando la naranja en la cancha del viejo Sporting.
Con 16 años y tras cosechar varios títulos en formativas accedió al primer equipo de en el año 1970 permaneciendo en el mismo hasta 1975 cuando emigró a la Argentina. Tuvo en Atilio Caneiro su espejo y poco a poco fue ganando en confianza y creciendo en su juego.
Sus primeras temporadas las militó en Segunda de Ascenso logrando ascender a la máxima categoría en el año 1973 en una recordada definición ante Hebraica. Integraban ese plantel además de Peinado y Caneiro, el actual entrenador Héctor Da Pra, Jorge Schiaffarino, Jorge Milans, Leonardo Tijero, Juan Capurro, Carlos Chaibún y Luis Bensusán,
Cruzando el charco
Con apenas 21 años emigró rumbo a la Argentina para jugar en Gimnasia y Esgrima de La Plata. Fueron tres temporadas en el conjunto tripero, donde tras un par de vicecampeonatos consiguió el título en el año 1977 al vencer en el estadio de Ferro a Obras Sanitarias, por 72 a 67. En ese gran equipo, lo acompañó el también uruguayo German Haller y los históricos Finito Gehrmann y Gallego González entre otros.
Su regreso al Uruguay
Tras su paso por la Argentina regresa a Sporting para conseguir el ascenso Primera División (el equipo había bajado al año anterio) al mando de Ramiro De León. Al año siguiente gana de forma invicta el Torneo Invierno y en el 1979 consigue también de forma invicta la Liguilla tras vencer en el último encuentro a Peñarol. El equipo había sido reforzado por los panameños Tito Malcom y Mario Butler.
Su paso por el Albimarrón
Los comienzos de la década del 80 lo encuentran con la camiseta de Bohemios en el pecho. Es allí donde con jugadores como Horacio “Tato” López, Walter Pagani, Larry Petty, Luis Pierri, el fino Guerra, Julio Pereyra, Favio Otonello, Daniel Vannet obtiene el Campeonato Federal de 1981.
La vuelta a Sporting para ser campeón
Tras jugar la Liguilla de 1982 con Bohemios, regresó a su casa Sporting. Allí disputó un par de temporadas mientras de forma paralela defendía a Uruguay en torneos de primer nivel. Tras los Juegos Olímpicos llegó el turno del Federal de 1985. Ese campeonato no fue un torneo más para el capitán. El hecho de compartir plantel con su hermano Marcelo y que el torneo tuviera el nombre de Carlos Peinado Berrameni, el padre de ambos que recientemente había fallecido, era algo especial. Sporting fue brillante campeón (en lo que constituye el último título del decano antes de la fusión). Además de los hermanos Peinado, integraban el equipo: Daniel Cugliari, Ernesto Bie, Alejandro Costa, Renzo Cianciarullo, Ramiro Cortés, Adolfo Medrick, Daniel Baccino, Gerardo Jauri, Pablo Cabot y Gustavo Paredes.
La etapa en Hebraica
Tras su paso por Sporting lideró por seis temporadas a Hebraica Macabi. El conjunto macabeo fue animador de varios torneos pero el título no se dio. Las lesiones fueron mermando el rendimiento del capitán y sobre fines de 1992 pensó en el retiro.
El último título en Malvín
Sin embargo, aún le quedaba un cartucho por quemar. Fue cuando al influjó de su amigo Sergio Somma decidió acompañar a Malvín en su aventura por volvera Primera. El equipo de la Playa contaba con juveniles de gran categoría como Rivera, Lacasa y el incipiente Marcelo Capalbo. Peinado aportó su experiencia y calidad para lograr el título por sobre el Welcome de Tato López y Fefo Ruiz.
Con la celeste en el pecho
Fue con Uruguay donde cosechó algunos de sus mayores logros. Debutó con la Selección en el Sudamericano Juvenil de Chile de 1972 y cuatro años después se puso la camiseta celeste absoluta para conseguir el tercer puesto en el Sudamericano de Medellín al mando de Ramón "Pirulo" Etchamendi. Un año después en Valdivia se quedó con la medalla de plata y en 1979, en Bahía Blanca, y pese a que Uruguay terminó tercero, fue el mejor jugador del Campeonato Sudamericano ganándose el famoso apodo de capitán de capitanes.
Pero la consagración se da sobretodo en el Sudamericano de 1981 en Montevideo, cuando levantó la copa de campeón ante un Cilindro repleto en aquel equipo que jugaban Tato, Fefo, Nuñez y Larrosa en el cinco inicial.
Dos segundos puestos en el 83 en San José dos Campos y en Medellín 85 fueron sus otras presencias en Sudamericanos. Además, fue dos veces mundialista en Colombia 82 y en España 86 y como ya dijimos fue titular en todos los encuentros de los Juegos Olímpico en Los Ángeles 84. Tras jugar en los Panamericanos del 87, participó del Preolímpico de Montevideo donde Uruguay terminó cuarto no pudiendo acceder a Seúl 88, siendo esta su última presencia con la celeste.
La vida después del básquetbol
Tras abandonar la práctica activa del básquetbol, tuvo un breve paso por la dirección técnica de Biguá y comenzó a incursionar en 1995 en el periodismo deportivo. Radio Universal y Canal 10 entre otros son algunos de los medios en los que desparramó conceptos. Desde hace varios años que este reconocido hincha de Montevideo Wanderers es el comentarista titular de Tenfield en las transmisiones de basquetbol.
Ya no juega, pero cuando expone parece hacerlo desde la misma manera. Con esa visión de juego que siempre le caracterizó ilustra a los televidentes noche a noche. Nunca una frase desmedida, siempre respeto y sobretodas las cosas conocimiento. Si algún desprevenido no le reconoce puede pensar que realmente sabe de este deporte. Pero el que alguna vez lo vio jugar sabe que más que saber de basquetbol, el como pocos ha dejado la Marca.